lunes, 22 de abril de 2013

Índice de prestigio


Giorgio de Chirico
1888 - 1978


Chirico: El Pintor que
Condenó sus Obras Maestras

“Pablo Picasso y Giorgio de Chirico son las dos figuras que dominan el arte del siglo XX”, dijo el crítico francés Waldemar George. Pero esto fue dicho hace muchos años, cuando el español pintaba figuras y naturalezas muertas descompuestas en cubos, y el italiano sus telas “metafísicas”, que crearon todo un movimiento en la pintura de la época. Picasso conserva su primacía, y aún hoy,  cada cambio en su personalidad de pintor significa una nueva revolución. Esto no sucede con Chirico. Desde 1910 hasta 1930 pintó sus plazas desiertas, sus maniquíes de palo, sus interiores inquietantes, creando un  mundo de objetos poéticos en que los surrealistas encontraron una riquísima cantera de ideas plásticas.
Si pensamos en los cuadros de aquella época, y en la influencia que ejercieron, no parece excesivo el juicio de Waldemar George. Pero luego, Chirico sufrió un cambio definitivo, rechazó sus cuadros “metafísicos” como pintura equivocada y de mala calidad, dio la espalda a toda pintura de vanguardia, y comenzó a pintar una serie de cuadros fríos y académicos, basados en el arte del pasado. Las escuadras abandonadas en plazas, los maniquíes con cabeza oval sentados a la sombra de una “loggia”, dieron paso a caballos académicos retozando sobre una playa, a señoritas desnudas, pintadas con la precisión de un Bougereau, repantigadas en sillones, y a peras, flores, sandías y panes pintados con precisión gastronómica.
Sin embargo, sus cuadros “metafísicos” hacen de él una de las figuras básicas de la pintura moderna. Casi todas ellas se encuentran en colecciones francesas y americanas, y son cotizadas en millones de liras.
Hace poco aparecieron en el mercado dos Chirico  de la época valiosa, nadie sabía muy bien de dónde. Un marchand francés los ofreció a un millonario griego, que como buen negociante que quiere estar seguro de la calidad de lo que compra, llamó a un experto particular para que los examinara. Este los encontró inmejorables, pero no podría saber por qué manos habían pasado los cuadros antes de llegar al marchand que los ofrecía, que los había obtenido de tal persona, y ésta de tal otra, y ésta a su vez de una condesa rumana que, según se decía, los había obtenido del pintor mismo ―pero la condesa rumana había muerto y la genealogía del cuadro se cortaba allí. El experto investigó más y más, hasta que llegó a la conclusión de que Chirico jamás había pintado esos cuadros y eran falsificaciones. No se efectuó la transacción comercial, se evitó el escándalo, pero Chirico pasó a la categoría de los pintores cuyos cuadros tiene tanto valor que se los llega a falsificar ―como Rafael, Vermeer y Corot. Este es ya un índice de su prestigio.


Texto de José Donoso -  escrito el 7 de junio de 1961
Tomado de "El Escribidor Intruso", editado por la Universidad Diego Portales, Chile





Las Cónyuges - 1926



Juicio del Adivino - 1913



Primavera de Turin  - 1914



El enigma de la llegada y de la tarde - 1912



La angustia de la salida - 1914



El poeta melancólico - 1916

Todas las imágenes corresponden a obras 
de Giorgio de Chirico


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