martes, 8 de noviembre de 2011

Viejos amores

No dejaremos de explorar y al final de nuestra búsqueda
llegaremos a donde empezamos y conoceremos
por primera vez el lugar
T.S. Eliot


A MANERA DE PROLOGO PIDO BENEVOLENCIA POR
INSISTIR EN MIS YA VIEJOS AMORES
Juvencio Valle

Hoy vuelvo a repetir mi vieja historia.
Traigo otra vez mis ramos de nomeolvides;
y cómo podría liberarme de estos abrazos,
cómo apartaría de mi tan íntimas maderas;
con que mano cortaría de mi propio follaje
estas vivas prolongaciones de mis huesos.

Por eso, de partida, pido benevolencia
a pájaros y flores. Ante el lirio del campo
me descubro; en circulo cerrado hago la venia;
y ¡Salud! oh mi señor Dondiego de la Noche,
dadme asilo temporal en vuestros dominios.

Y cómo se me hace vehemente esta súplica
cuando la dirijo a mis viejos guardabosques,
leales hermanos míos de afán y comparsa;
ay, y cuando requiero a los poetas liricos,
y, mucho más aún, a las bellas floristas.

Ya en el umbral me inclino reverente,
y como un hijo pródigo, temeroso suplico
merced y vía libre para mis ramilletes,
que todavía tengo tanto jardín adentro
y tantas ramificaciones que me desvelan.

Juntos llenos de gracia, dadme los dedos,
melodiosas avenas, vuestros delgados silbos;
vengo con nuevos leños para mi vieja hoguera,
nuevos aceites traigo para la misma lámpara;
aquí llego otra vez cargado de siemprevivas,
margaritas y abejas traigo en las sienes.

Perdón, señor capullo recién amanecido,
corolas de caperuza, romántico jilguero.









Todas las imágenes corresponden a obras de Eduard Atkinson Hornel (1864-1933)


A MANERA DE PROLOGO PIDO BENEVOLENCIA POR
INSISTIR EN MIS YA VIEJOS AMORES
Juvencio Valle
de su libro DEL MONTE EN LA LADERA
Juvencio Valle, poeta chileno de quien Neruda dijo, es “una guitarra de cuerdas claras”



(gracias Princesa Nadie)

domingo, 6 de noviembre de 2011

Baño

Hay un solo niño bello en el mundo
y cada madre lo tiene
José Martí


Marina Dieul


Para lavar a un niño
Pablo Neruda
.
Sólo el amor más viejo de la tierra
lava y peina la estatua de los niños,
endereza las piernas, las rodillas,
sube el agua, resbalan los jabones,
y el cuerpo puro sale a respirar
el aire de la flor y de la madre.

Oh vigilancia clara!
Oh dulce alevosía!
Oh tierna guerra!

Ya el pelo era tortuoso
pelaje entrecruzado por carbones,
por aserrín y aceite,
por hollines, alambres y cangrejos,
hasta que la paciencia
del amor
estableció los cubos, las esponjas,
los peines, las toallas,
y de fregar y de peinar y de ámbar,
de antigua parsimonia y de jazmines
quedó más nuevo el niño todavía
y corrió de las manos de la madre
a montarse de nuevo en su ciclón,
a buscar lodo, aceite, orines, tinta,
a herirse y revolcarse entre las piedras.
Y así recién lavado salta el niño a vivir
porque más tarde sólo tendrá tiempo
para andar limpio, pero ya sin vida.

etiqueta vintage - Lux Soap by Lever Brothers Limited - fuente

Etiqueta vintage - fuente
El Primer Baño - Honore Daumier - fuente
Mother´s morning -  Jessie Willcox Smith
Ilustración de Jessie Willcox Smith
The Child´s Bath - Mary Cassatt - fuente
Mother and child after the bath - Carlo Facchinetti  - fuente
Bathing - Ernest Gustave Girardor - fuente
John Philip Falter

Pam Ingalls-Cox - fuente

viernes, 4 de noviembre de 2011

Dulce y Perfumado

El hombre, como la hierba son sus días;
Florece como la flor del campo,
Que pasó el viento por ella, y pereció,
Y su lugar no la conocerá más…

Pero la misericordia de Dios
Es desde la eternidad y hasta la eternidad
Libro de Salmos

French lavender - Rachel Scotney - fuente

Dulce y Perfumado
Rosalía de Castro

Adivínase el dulce y perfumado
        calor primaveral;
los gérmenes se agitan en la tierra
con inquietud en su amoroso afán,
y cruzan por los aires, silenciosos,
átomos que se besan al pasar.

Hierve la sangre juvenil, se exalta
lleno de aliento el corazón, y audaz
el loco pensamiento sueña y cree
que el hombre es, cual los dioses, inmortal.
No importa que los sueños sean mentira,
        ya que al cabo es verdad
que es venturoso el que soñando muere,
infeliz el que vive sin soñar.

¡Pero qué aprisa en este mundo triste
        todas las cosas van!
¡Que las domina el vértigo creyérase!
La que ayer fue capullo, es rosa ya,
y pronto agostará rosas y plantas
        el calor estival.


Lavanda di notte - Guido Borelli - fuente

Cicely Mary Barker - info wiki

Retrato de grupo con acianos - Igor Grabar

diseño floral de Daniel Ost
Ilustración de Walter Crane

fuente
Lavender blue, diddle diddle!
Lavender green
If I were a King, diddle diddle!
You should be Queen




Woman in a lavender field - Angelo Cavalli




de mi jardín

butterflies on a lavender flower - Taylor S. Kennedy


lavender - Wendy Russell - fuente

de patrones en punto de cruz - fuente

old wooden cart with fresh-cut lavender - Jum Zuckerman - fuente

la Belle provenzal II - Laurence David


Lavandula - Vincent Jeannerot - fuente


"El recuerdo es el perfume del alma."
George Sand

miércoles, 2 de noviembre de 2011

Había un Niño

Desde el fondo de ti, y arrodillado,
un niño triste, como yo, nos mira
Pablo Neruda
de su poema Farewell


Igor Medvedev - fuente

Imagen
Ivar Arosenius

John George Brown - fuente

HABÍA UN NIÑO QUE SALÍA
Walt Whitman


Había un niño que salía cada día,
y lo primero que miraba, en eso se convertía,
y eso formaba parte de él por aquel día o parte de aquel día,
o por muchos años o sucesivos ciclos de años.

Las lilas tempranas formaban parte de aquel niño,
y la hierba y las glorias-de-Ia-mañana blancas y rojas
y los blancos y rojos claveles, y el canto del jilguero, 
y los corderos del tercer mes y las crías rosa pálidas de
la puerca y el potrillo de la yegua y el ternero de la vaca. 
Y la alborotadora pollada del corral o la que chapuceaba
en la orilla fangosa de la poza, 
y los peces suspensos de modo tan curioso allí abajo y
el bello curioso líquido, 
y las plantas acuáticas con sus gráciles cabezas chatas,
todo formaba parte de él.

Los retoños del cuarto mes y del quinto mes formaban parte de él,
los retoños de las mieses invernales y los amarillos-claros 
del maíz, y las raíces comestibles del jardín,
y los manzanos cubiertos de flores y de frutas más tarde, 
y las moras silvestres y las zarzas más comunes del camino,
y el viejo borracho que tambaleándose volvía a su casa 
de la taberna de la que tarde se levantara,
y ía maestra de escuela que pasaba camino de la escuela,
y los muchachos amigos que pasaban y los muchachos pendencieros,
y la nítida niña de rosadas mejillas y el negrito descalzo y la negrita,
y todos los cambios de la ciudad y el campo en dondequiera que iba,
sus propios padres, el que lo engendró y la que lo concibió 
en su vientre y lo parió,
le daban de ellos mismos a este niño algo más que eso,
le daban en adelante cada día, ellos mismos venían a formar parte de él.

La madre en casa poniendo tranquilamente los platos 
en la mesa de comer, 
la madre con dulces palabras, limpios su gorro y su vestido, 
sano olor emanando de su persona y ropa al caminar, 
el padre, fuerte, pagado de sí, varonil, maligno, iracundo, injusto, 
el golpe, la rápida dura palabra, el mezquino regateo, la astuta treta, 
las costumbres de familia, su lenguaje, las visitas, los muebles, 
el corazón, que añora y se expande, 
el afecto que no se escatima, la sensación de lo real, 
la idea de que si después de todo resultara irreal, 
las dudas de día y las dudas de noche, el curioso si será y cómo, 
si lo que parece así es así o si por ventura ¿es todo luces y sombras?

Los hombres y mujeres que se apiñan aprisa en las calles,
si no son luces y sombras, ¿qué son? 
Las mismas calles y las fachadas de las casas, y las mercancías 
expuestas en las ventanas, los vehículos, los caballos de tiro, 
los muelles de gruesas tablas, 
la afluencia de gente a las barcas que cruzan el río, 
la aldea en la falda vista de lejos en el crepúsculo, el río
que la separa de aquí, 
sombras, aureola y niebla, la luz cayendo sobre los techos
y los aleros blancos y rojizos dos millas más allá, 
la goleta cercana descendiendo asueñada en la marea
con el botecito amarrado por larga cuerda a popa, 
los rápidos tumbos, las crestas presto deshechas, azotando, 
los estratos de nubes coloradas, la larga franja marrón
solitaria allá lejos, la extensión de blancura en que inmóvil se tiende, 
el borde del horizonte, el vuelo del cuervo marino, la fragancia 
de las salinas y del lodo en la costa, 
todo venía a formar parte de aquel niño que salía cada día 
y que aún sale y saldrá todos los días.


Imagen
Charles Hunt
Imagen
Ana Pavlova
Imagen
Carolyn Blish
Imagen
Carolyn Blish

Imagen
Jules Alexis Muenier

Imagen
"Strictly No Elephants" - fuente

Imagen
Kavin Peterson

Imagen
Robert Lundberg

Imagen
Archan Nair

Nancy A. Noel - fuente

Imagen
Tatiana Chuvasheva - fuente

Tatiana Chuvasheva -  fuente


Charles Léandre - fuente

Teodor Axentowicz - fuente

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Władysław Podkowiński - fuente


HABÍA UN NIÑO QUE SALÍA
Walt Whitman
traducción de 
José Coronel Urtecho y Ernesto Cardenal

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