viernes, 10 de septiembre de 2010

A la Memoria de mi Padre

Durante la jornada de trabajo del día de hoy estuve "escaneando" algunas fotos antiguas de un amigo. De pronto en una de ellas surgió el rostro tan querido de mi padre. La foto data del año 1992, probablemente del mes de noviembre por el contexto de la fotografía.



De inmediato traté de recordar que estaba haciendo yo en esa fecha. Sé que mi hija ya tenía 10 añitos y vivíamos en Santiago de Chile, en fin, un torrente de recuerdos atados a un rostro y una fecha
Luego pensé ¿y en qué estaría él? ¿Qué esperaba hacer? ¿Qué soñaba?

Hay tantas preguntas que aun no tienen respuesta para mi. Quizás nunca la tengan. Pero hay cosas relacionadas con mi padre que con el paso del tiempo y tras su ya larga ausencia, van tomando forma como figuras recortadas desde el fondo de los recuerdos. Así he podido ir configurando una imagen más cercana, más dulce, más cariñosa y más potente de mi padre.

Emeterio Rodríguez Povea


Creo que era humilde de corazón, y al mismo tiempo defendía sus principios éticos y morales con verdadera pasión, más allá de las palabras. También tengo la certeza de que supo vivir en coherencia con sus creencias y su fe en Dios.

Detrás de su apariencia de hombre fuerte, detrás de su fuerza varonil, detrás de sus silencios, sus pausas y sus determinaciones era muy dependiente de la dulzura de mi madre, su compañera, su mujer, su esposa de toda la vida.

Creo sinceramente que a mi él me legó su gran curiosidad por el mundo circundante, su hambre de conocimiento, la disciplina del estudio y la búsqueda de la Verdad.
De sus últimos días con nosotros, después de la muerte de nuestra madre, me queda un profundo sentido de gratitud. El supo ser Padre y Madre a la vez durante ese breve periodo. Con gran dignidad nos preparó para su partida.

"Esta vela se apaga" me decía y lo repitió muchas veces, hasta que finalmente se apagó en paz, dulce y pacíficamente. Fue tras la luz de sus días.


Viejo, Mi Querido Viejo

Es un buen tipo muy viejo,
Que anda solo y esperando,
Tiene la tristeza larga, de tanto venir andando,

Yo lo miro desde lejos,
Pero somos tan distintos,
Es que creció con el siglo,
Con tranvía y vino tinto,
 
CORO
Viejo, mi querido viejo, Ahora ya caminas lento,
Como, perdonando al viento,
Yo soy tu sangre mi viejo,
Soy tu silencio y tu tiempo,

El tiene los ojos buenos,
Y una, figura pesada,
La edad se le vino encima, Sin carnaval ni comparsa
 
Yo tengo los años nuevos,
Mi padre los años viejos,
El dolor lo lleva dentro, Y tiene historia sin tiempo,
 
CORO
Viejo, mi querido viejo, Ahora ya caminas lento,
Como, perdonando al viento,
Yo soy tu sangre mi viejo,
Soy tu silencio y tu tiempo,
Yo soy tu sangre mi viejooooo…

Alejandro Fernández

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