jueves, 28 de julio de 2011

La Ciudad Que Fue

La Ciudad que fue
Eliana Navarro



"Muchas veces, de niños, vimos esa ciudad, en un lugar preciso del cielo,
al atardecer. Vimos abrirse o cerrarse sus puertas fulgurantes,
custodiadas por ángeles de fuego. Vimos sus cúpulas de oro y
escuchamos, traído por el viento, el son de sus campanas.
Le dábamos nombres oídos al azar: la ciudad perdida, la ciudad
de Dios. Cuando llegamos a la adolescencia, empezamos a verla
cada vez más  a lo lejos, hasta que, envuelta en bruma, se confundió
con nuestros sueños."




La artista de Finlandia, Jonna Pohjalainen ha creado esta enorme  y hermosa pieza de arte ambiental titulada "Lápices de colores",  que muestra los lápices de colores en su "hábitat",  los campos y los bosques de Letonia.
Aunque creo que estas imágenes no son nuevas en la web, a mi me sorprendieron e inevitablemente me llevaron a mi niñez. Los lápices de colores eran un gran tesoro. Todavía lo son para mi.

Un detalle importante en esta instalación, o una de las resonancias que puede tener, es que sin sol no hay color. En cuanto se pone el sol, los colores en las puntas de los "lapices" comienzan a desaparecer y vuelven a "aparecer" cuando nace el sol.
Volviendo al texto de Eliana Navarro: es el "sol" de la imaginación, la ingenuidad y la pureza, lo que nos podría llevar de regreso a 
"la ciudad que fue".




4 comentarios:

Celso dijo...

Claro que de niños vimos ciudades en las nubes, caballos alados, rostros y mil cosas, pero con el tiempo se suele perder la Fantasía, la Inosencia y perdemos de vista la obra que cada día se proyecta en el telón del cielo.

En cuanto a la obra de Pohjalainen, sus lápices, tienden un puente hacia la niñez, como lo hace el olor de ciertas maderas. Trabajando la leña para la cocina, de pronto me rodea el olor del álamo y de un salto en el tiempo, aterrizo en una antigua librería y allí descanzan los "Faber Castel", negros o de colores, gran regalo para dar rienda suelta a la imaginación sobre una hoja de papel (y alguna pared).

Clarissa Rodriguez dijo...

Sr. W
La primera vez que me regalaron lápices de colores no podía creer esa maravilla. Al igual que tú, recuerdo claramente el olor de mis lápices alineados en su caja metálica como un gran arcoiris...

La inocencia quizás no se pueda recuperar. Pero la mirada ingenua y limpia para apreciar la belleza creo que se puede cultivar.

Un abrazo colorido!

Elisa Sáez dijo...

Clarissa: ¡¡¡Amo los lapices de colores!!!...son una extension en mi mano de la creatividad que tengo en la mente y me permiten dar forma y color a mis tarjetas y otros papeles. Tengo muchas cajas, cajitas y cajotas de lapices de colores y los atesoro y trato con cariño, ademas de usarlos mucho. Tambien me gusta mucho su olor. Hermosas fotos!, gracias por el recuerdo de la niñez.

Clarissa Rodriguez dijo...

Elisa, mucho de lo que dices está en tu página, llena de creatividad y cuidados diseños.

Gracias por tu visita

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