domingo, 22 de julio de 2012

Nombres de Dios





Nombres de Dios
Francisco Mouat
Columnista de Revista del Sábado
Diario El Mercurio
Santiago de Chile

“Un amigo me prestó un libro de Marguerite Yourcenar que se llama Treinta y tres nombres de Dios. Es un libro breve y precioso. Y estimuló un ejercicio entre más amigos en donde cada uno de nosotros buscó treinta y tres nombres posibles de Dios, o lo que Yourcenar entendió que podía llamarse así a falta de otra palabra que sintetizara eso que nos ocurre entre la vida y la muerte sobre la Tierra o en sueños.
Escribí a toda velocidad, casi sin pensar, nombres de Dios. Asuntos divinos, misteriosos, mágicos, bellos, inolvidables, feroces:

·        "La mesa de un café, distraída, sin horario.
·         Esos cuatro partos, estelares.
·         Dos amigos en silencio.
·         Wislawa Szymborska.
·         Recorrer una librería con las manos, sin un objetivo preciso.
·         Atrapar el sueño de la noche anterior y narrarlo.
·         Árboles, su belleza.
·         Encontrar un amigo en el camino.
·         Encontrar un libro en el camino.
·         Leer.
·         Escribir.
·         Abrazar.
·         Un asado con Julio Neme en Puerto Fonck.
·         Tú.
·         Algunos adioses.
·         Hablar con el gato, acariciarlo, contenerlo.
·         Sorprenderme.
·         Desplazarme.
·         Ponerle punto final a un texto, y saber que no termina ahí.
·         El libro 84,
·         Charing Cross Road, de Helen Hanff.
·         Los primeros besos que te di en El Retablo.
·         Apoyar mi cabeza en el pecho de mi padre.
·         Besar en la boca a mi mamá cuando era niño.
·         Escuchar con Edite y Yuri en su casa de Paine las canciones de Marisa Monte.
·         El teléfono de la muerte en la madrugada.
·         Abrazar a mis hijos, abrazarte.
·         Ser abrazado.
·         Dejarse tocar.
·         Dejarse tocar por una palabra.
·         Tocar.
·         El arte.
·         Amor al arte".

Lo que escribieron mis amigos es un tesoro que se convertirá pronto en un libro, la continuación de los treinta y tres nombres de Dios de Marguerite Yourcenar ahora desde una aldea remota del sur del mundo llamada Ñuñoa. Botones de muestra:

·         "La página en blanco del escritor furtivo.
·         La suave voz interior que te libra del vacío.
·         La leche nevada.
·         El breve silencio entre dos pensamientos.
·         La copa de vino que sella un pacto.
·         Aquel que venera a sus ancestros.
·         El sombrero de mi padre en mi clóset.
·         Un picaflor suspendido en el aire.
·         El espacio entre ayer y hoy.
·         Terremoto.
·         Tsunami.
·         Grieta.
·         Luz.
·         Rayo.
·         Lluvia.
·         Atardecer en los trigales.
·         Sopa caliente en un día de invierno.
·         Primera naranja cosechada en mi jardín.
·         Voz de Billie Holiday.
·         Música de órgano.
·         Noche estrellada.
·         El atardecer.
·         La canela.
·         La sonrisa descansada de los amantes.
·         El juego riesgoso del pescador sobre el quiebre de las olas.
·         La vida atrapada en una fotografía.
·         La mano de un recién nacido aferrada al dedo de su madre.
·         El inolvidable olor de la cárcel de San Miguel.
·         Reír sin control.
·         El silencio que escucha.
·         Niebla que baña las calles y la figura humana que emerge de ella.
·         Nervadura de una hoja seca.
·         El hombre que vende verduras en la esquina, el que repara zapatos y la costurera.
·         La última persona que mira la partida de un tren.
·         El que se duerme y el que vela su sueño.
·         El que reza por un muerto.
·         El joven vecino, estudiante de música, que con su talento ilumina mis tardes.
·         El viento.
·         Las manos del médico que extirpó el cáncer de mi nieta.
·         La fruta del verano transformada en mermelada de invierno.
·         Un día sin trabajo.
·         Que te sonrían de vuelta.
·         Escalofrío.
·         El abrazo que rescata del abismo".

Merece la pena el ejercicio. Nombras y es como si iluminaras la habitación de tu existencia, y por extensión la de los que te rodean. Nombras y das vida. Nombras para no morir. “

Texto completo se puede encontrar en: http://blogs.elmercurio.com/revistasabado/2012/07/21/nombres-de-dios.asp














































































Todas las imágenes son obras de Odilon Redon
1840 - 1916
Su gran motivación fue:
"poner la lógica de lo visible al servicio de lo invisible"



9 comentarios:

SUREANDO dijo...

Clarissa: las columnas de Pancho Mouat son mis favoritas. ES tan humano, tan sensible que espero el sábado para leerlas.
Esta en particular me recuerda al ejercicio de Perec Je me souviens.
He hecho ese ejercicio de Yo me recuerdo de... y es fantástico lo que va saliendo de la memoria del alma. Lo recomiendo.
Una entrada preciosa, ojalá que muchos la lean.
Un abrazo de domingo

Clarissa Rodriguez dijo...

Creo que es necesario tomarse unos minutos para hacer este tipo de ejercicios que nos conectan con nuestra espiritualidad. Una especie de Inventario espiritual que nos enriquece.
Por otra parte, el columnista da suficientes razones para hacerlo.

Un abrazo de domingo para ti también, querida amiga.

Edelia Sanz dijo...

Hoy sí he podido leer tu entrada. Muy interesante, como siempre.Bonito ejercicio el de poner nombres a Dios.

He salido de mi ciudad de residencia (Valencia) huyendo del calor que en verano casi se hace insoportable.
Estoy en mi casa de veraneo, un lugar muy fresquito.Rodeada de montañas y a unos 1200 m. de altitud la comunicación con internet no siempre se hace posible.
Disfrutar de buena temperatura, paseos por el campo, sosiego, silencio, paz... compensan otras limitaciones.
Un abrazo, amiga.

Eva Ferrer dijo...

Que magnífica entrada, menos mal que he encontrado un momento para disfrutar de esta maravilla. Ya me pongo manos a la obra para confeccionar mi lista de nombres, entre ellos sin duda está "pasar por aquí"
donde la mano de Dios me conduce siempre hacia la Claridad.
Las obras de Odilon Redon invitan a la serenidad. En fin un día más que me completas.
Un fuerte abrazo, querida amiga.

Clarissa Rodriguez dijo...

Mi querida Edelia, que alegría tu visita.
Este tiempo de verano para ustedes, es un tiempo para disfrutar. Que lindo que puedas estar en un lugar más tranquilo y seguramente, más en contacto con el silencio y la naturaleza. La quietud renueva nuestro espíritu.

Un abrazo,amiga

Clarissa Rodriguez dijo...

Eva, muchas gracias por tus amables palabras.
Compartir el camino, aun con todos los ripios, siempre es una alegría en el alma.

Un gran abrazo, amiga querida.

Clarissa Rodriguez dijo...

El nombre de Dios sigue siendo sagrado. Representa la concepción de una naturaleza espiritual tan distinta a la humana que nombrarlo siempre será sobrecogedor y siempre será sólo una aproximación. Desde mi punto de vista, no existe una palabra en el idioma humano, que pueda significar su grandeza, eternidad y santidad. Es Dios mismo quien se ha revelado al hombre y desde aquél antiguo “Yo Soy el que Soy”, hasta nuestros días, es y seguirá siendo una experiencia única y personal. En aquellas cosas, eventos o circunstancias que nos sobrecogen, en la belleza del silencio, la música o la naturaleza parece que es más fácil llegar a percibirlo, porque algo de aquello toca esa cuerda tan sensible y delicada que sólo vibra cuando se evoca su presencia.
Con todo el respeto del mundo y con profundo amor, al rezar el Padrenuestro, tal como Jesús lo enseñó, pido que Dios nos enseñe a “santificar su nombre”.

Celso dijo...

Veamos... "El blog de Clarissa" me suena como para comenzar. Como sea, no podría faltar...

Cariños...
W.-

Clarissa Rodriguez dijo...

Gracias Sr. W
Muchas gracias por tu visita
Un abrazo, querido amigo

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