miércoles, 4 de julio de 2012

Sembrando

El Sembrador Generoso




SEMBRANDO
Marcos Rafael Blanco Belmonte

De aquel rincón bañado por los fulgores
del sol que nuestro cielo triunfante llena;
de la florida tierra donde entre flores
se deslizó mi infancia dulce y serena;
envuelto en los recuerdos de mi pasado,
borroso cual lo lejos del horizonte,
guardo el extraño ejemplo, nunca olvidado,
del sembrador más raro que hubo en el monte.

Aún no sé si era sabio, loco o prudente
aquel hombre que humilde traje vestía;
sólo sé que al mirarle toda la gente
con profundo respeto se descubría.
Y es que acaso su gesto severo y noble
a todos asombraba por lo arrogante:
¡Hasta los leñadores mirando al roble
sienten las majestades de lo gigante!

Una tarde de otoño subí a la sierra
y al sembrador, sembrando, miré risueño.
¡Desde que existen hombres sobre la tierra
nunca se ha trabajado con tanto empeño!
Quise saber, curioso, lo que el demente
sembraba en la montaña sola y bravía;
el infeliz oyóme benignamente
y me dijo con honda melancolía:
-Siembro robles y pinos y sicomoros;
quiero llenar de frondas esta ladera,
quiero que otros disfruten de los tesoros
que darán estas plantas cuando yo muera.

-¿Por qué tantos afanes en la jornada
sin buscar recompensa? dije. Y el loco
murmuró, con las manos sobre la azada:
-Acaso tú imagines que me equivoco;
acaso, por ser niño, te asombre mucho
el soberano impulso que mi alma enciende;
por los que no trabajan, trabajo y lucho,
si el mundo no lo sabe, ¡Dios me comprende!

Hoy es el egoísmo torpe maestro
a quien rendimos culto de varios modos:
si rezamos, pedimos sólo el pan nuestro.
¡Nunca al cielo pedimos pan para todos!
En la propia miseria los ojos fijos,
buscamos las riquezas que nos convienen
y todo lo arrostramos por nuestros hijos.
¿Es que los demás padres hijos no tienen?...
Vivimos siendo hermanos sólo en el nombre
y, en las guerras brutales con sed de robo,
hay siempre un fratricida dentro del hombre,
y el hombre para el hombre siempre es un lobo.

Por eso cuando al mundo, triste contemplo,
yo me afano y me impongo ruda tarea
y sé que vale mucho mi pobre ejemplo,
aunque pobre y humilde parezca y sea.
¡Hay que luchar por todos los que no luchan!
¡Hay que pedir por todos los que no imploran!
¡Hay que hacer que nos oigan los que no escuchan!
¡Hay que llorar por todos los que no lloran!
Hay que ser cual abejas que en la colmena
fabrican para todos dulces panales.
Hay que ser como el agua que va serena
brindando al mundo entero frescos raudales.
Hay que imitar al viento, que siembra flores
lo mismo en la montaña que en la llanura.
Y hay que vivir la vida sembrando amores,
con la vista y el alma siempre en la altura.

Dijo el loco, y con noble melancolía
por las breñas del monte siguió trepando,
y al perderse en las sombras, aún repetía:
¡Hay que vivir sembrando! ¡Siempre sembrando!...

Norman Rockwell

"Sembrando" es un poema clásico de Marcos Rafael Blanco Belmonte. 
Escritor español (1871 - 1936), inspirado en aquellos soñados, idealistas,
luchadores; los que perseveran y lanzan sus semillas
de amor por donde pasan. 


Este "sabio, loco o prudente" se parece a aquel solitario, del que habló Jesús: El Sembrador.
Un hombre cuya pasión es esparcir la semilla. Sabe que una parte caerá entre espinos que luego la ahogarán; otra parte en terreno pedregoso y no podrá tener raíz; otra junto al camino donde las aves la tomarán como alimento. Pero una parte caerá en buena tierra, y florecerá y dará fruto "cuál a ciento, cuál a sesenta y cuál a treinta por uno" - (cf. Evangelio según San Mateo)




El Sembrador
Peter Fendi


The Sower
Oskar Martin-Amorbach


Sower
James Tissot




The Sower
Gordon Solomon


Joseph J. Gould



El Sembrador
Carl Larsson


Rastrillando el Campo
Carl Larsson

El Sembrador (1850)
Jean Francois Millet

El Sembrador (1865)
Jean Francois Millet



The Sower - Inspirado en Jesús
Garret Walker


Clare Leighton (serigrafía)



Sembrador
Ivan Grohar



Las obras siguientes son de Vincent Van Gogh
1853 - 1890
"El arte es el hombre agregado a la naturaleza"


Sembrador a la puesta de sol

El Sembrador

El Sembrador
(copia de El Sembrador de Millet,
según los expertos)

Sembrador a las afueras de Arles

El Sembrador




"Hay que imitar al viento, que siembra flores
lo mismo en la montaña que en la llanura.
Y hay que vivir la vida sembrando amores,

con la vista y el alma siempre en la altura. 
...
¡Hay que vivir sembrando! ¡Siempre sembrando!..."
Marcos Rafael Blanco Belmonte

8 comentarios:

Victoria dijo...

¡Que bonito!
Un abrazo Clarissa

Francisco Méndez dijo...

Que hermoso es toda esta entrada, Un homenaje a los sembradores. El poema de Marcos Rafael Blanco Belmonte, es muyy hermoso.
Dijo el loco, y con noble melancolía
por las breñas del monte siguió trepando,
y al perderse en las sombras, aún repetía:
¡Hay que vivir sembrando! ¡Siempre sembrando!...
, nos recuerda la parábola del sembrador del Nuevo Testamento.

Las pinturas maravillosas, Van Gogh, Jean Francois Millet y otros.

Clarissa Rodriguez dijo...

Gracias por tu visita Victoria.
Un abrazo

Clarissa Rodriguez dijo...

Si, Francisco, el poema es muy hermoso y tiene muchos alcances.
El Sembrador es muy generoso y de una gran nobleza de espíritu.

La ley de la siembra y la cosecha sigue vigente. Sembrar sin esperar recompensa, es confiar que es Dios quien da el crecimiento.

Gracias Francisco por tu visita. Tu también eres un sembrador, amigo.

Celso dijo...

Una de las mejores entradas, sin duda. ¡Cuantas connotaciones y resonancias tiene este poema! Cuando pequeño, alguien dijo que los sembradores y jardineros eran "asistentes de Dios", y desde entonces, cuando siembro o arreglo el jardín, me ronda ese concepto y, quizá con vanidad, se siente ser un grano mas, quizá solo una mota de polvo en la magnificencia del Universo, pero polvo divino al fin.
Sembrar sin esperar recompensa, como brota la flor en la recóndito del bosque, sin esperar que alguien aprecie o no su belleza...

Cariños...

W.-

Clarissa Rodriguez dijo...

"Asistente de Dios", "Polvo divino"; bellas imágenes, Sr W.
Cuando sembramos, estamos compartiendo las semillas de luz que Dios mismo puso en nuestra alma.
Gracias por tu hermoso comentario. Tienes alma de Sembrador.

Un abrazo

Eva Ferrer dijo...

Qué magnífico poema y qué imágenes tan sugerentes.
Uno de los mayores regalos que podemos hacernos es contemplar el milagro del crecimiento de las plantas, maravillarnos con sus frescos y vibrantes colores, comprobar que cuando nos preocupamos de alimentarlas y cuidarlas se convierten en un reflejo de nuestro interior,
nosotros también nos llenamos con
la belleza de su colorido y ansias de crecer cada día.
" Hay que vivir la vida sembrando amores,
con la vista y el alma siempre en la altura."

Un abrazo, querida amiga, y continúa sembrando bondad, es necesaria.

Clarissa Rodriguez dijo...

Eva, que hermosa reflexión.
La gran gratificación del sembrador es lanzar su semilla, pero que grandiosa satisfacción es ver alguna semilla germinar.

Gracias Eva por tu compañía y tu amistad.
Un gran abrazo

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