martes, 12 de junio de 2012

A la Puerta de una Piedra


Frederick Carl Frieseke  (1874-1939)


Raoul Dufy, The Grid (La Grille), 1930


Conversación Con Una Piedra
Wislawa Szymborska

Llamo a la puerta de una piedra.
-Soy yo, déjame entrar.
Quiero penetrar en tu interior,
echar un vistazo,
respirarte.

-Vete -dice la piedra-.
Estoy herméticamente cerrada.
Incluso hecha añicos,
sería añicos cerrados.
Incluso hecha polvo,
sería polvo cerrado.

Llamo a la puerta de una piedra.
-Soy yo, déjame entrar.
Vengo por mera curiosidad.
Sólo la vida permite satisfacerla.
Quisiera pasearme por tu palacio,
y luego visitar una hoja y una gota de agua.
No me queda mucho tiempo.
Mi mortalidad debería ablandarte.

-Soy de piedra –dice la piedra-
Imposible perturbar mi seriedad.
Vete,
no tengo músculos risorios.
Llamo a la puerta de una piedra.
Soy yo, déjame entrar.
Me han dicho que encierras salas enormes y vacías,
nunca vistas y bellas en vano,
mudas, donde nunca han retumbado los pasos de nadie.
Confiésalo: ni tú misma lo sabías.

-Salas enormes y vacías –dice la piedra-.
Pero no hay espacio disponible.
Bellas, quizá, pero no para el gusto
de tus limitados sentidos.
Puedes verme pero nunca catarme.
Mi superficie te da la cara,
pero mi interior te vuelve la espalda.

Llamo a la puerta de una piedra.
-Soy yo, déjame entrar.
En ti no busco refugio para la eternidad.
No soy desdichado.
Ni carezco de techo.
Mi mundo merece el regreso.
Quiero entrar y salir con las manos vacías.
La prueba de haber estado en ti
se limitará a mis palabras
en las que nadie creerá.

-No entrarás –dice la piedra-.
Te falta el sentido de la participación.
Y no existe otro sentido que pueda sustituirlo.
Incluso la vista omnividente
te resultará inútil si eres incapaz de participar.
No entrarás; ese sentido, en ti, es sólo deseo,
mero intento, vaga fantasía.

Llamo a la puerta de una piedra.
-Soy yo, déjame entrar.
No puedo esperar mil siglos
para entrar en tus paredes.

-Si no crees en mis palabras –dice la piedra-,
acude a la hoja, que te dirá lo mismo que yo,
o a la gota de agua, que te dirá lo mismo que la hoja.
Pregunta también a un cabello de tu cabeza.
Estoy a punto de reír a carcajadas,
de reír como mi naturaleza me impide reír.

Llamo a la puerta de una piedra.
-Soy yo, déjame entrar.

-No tengo puerta –dice la piedra.




Claudio Bravo (1936-2011)


Abbott Fuller Graves (1859 - 1936)


William Ladd Taylor (1854-1926)


Elsa Gramcko (1925-1994)


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Poster turístico de Dublin

8 comentarios:

Francisco Méndez dijo...

Clarissa: gran poema de Wislawa Szymborska, que es capaz de conversar con una piedra, pero no entrar.


Un abrazo amiga

Clarissa Rodriguez dijo...

Wislawa, su sencillez y grandeza; su poesía merece estar escrita sobre piedra.

Gracias Francisco por haberme facilitado el acercamiento con esta gran poeta.

Un abrazo

Doña Eñe dijo...

Precioso, Clarissa, y lleno de sabia filosofía.
El poeta ha logrado entrar en la impenetrable piedra sin puerta, gran paradoja.
Una linda selección de imágenes.
Gracias amiga.
Un abrazo.

Celso dijo...

Lindo poema y bellas imágenes que me hicieron recordar al pintor Anwandter, atril y pincel en mano, pintando un viejo y derruido portal de Av. Francia, en Temuco. Nunca he visto la pintura terminada, sólo atisbé sobre su hombro y ya era bella...

Cariños...

W.-

Clarissa Rodriguez dijo...

Muchas gracias Doña Eñe, por tu visita y por tu comentario.
Hay corazones más duros que una piedra; pero la poesía puede penetrar esos espacios insospechados.

Un gran abrazo, amiga querida

Clarissa Rodriguez dijo...

Hola Sr W. Hola querido amigo.

Hay muros de piedra, reales o imaginarios que se vuelven impenetrables.
El marco de nuestras creencias, en ocasiones, es un muro difícil de sobrepasar.

Un abrazo

SUREANDO dijo...

Me gustan las puertas, la ventanas, las llaves.
Ilsted y esas puertas de Dublin me atraen muchísimo.
Bella entrada, amiga y Wislawa, única.

Clarissa Rodriguez dijo...

Hay algo sugestivo en las puertas, quizás porque marcan un límite y siempre es un desafío o al menos una curiosidad, saber que hay detrás.

Wislawa no termina de sorprendernos con su agudeza y sencillez.

Un abrazo, Beatriz
gracias por tu visita

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