jueves, 20 de enero de 2011

Con alma de Niño


Querido Dios, ¡Soy yo otra vez!

Querido Dios, Supongo que... ahora estoy lista para escuchar
 "En paz me acostaré, y así mismo dormiré;
porque sólo tú, oh Señor, me haces vivir confiado".

Querido Dios, Simplemente no puedo dormir... ¿podemos hablar?

Al contemplar las montañas me pregunto: 

"¿De dónde vendrá mi ayuda?" 

Mi ayuda vendrá del Señor, 
creador del cielo y de la tierra.  

¡Nunca permitirá que resbales! 

¡Nunca se dormirá el que te cuida! 

No, él nunca duerme; 

nunca duerme el que cuida de Israel. 

El Señor es quien te cuida; 
el Señor es quien te protege, 
quien está junto a ti para ayudarte. 
El sol no te hará daño de día, 
ni la luna de noche. 
El Señor te protege de todo peligro; 
él protege tu vida. 
El Señor te protege en todos tus caminos, 
ahora y siempre.
Salmo 121 (BLS)


Querido Dios, ¡Gracias por los amigos!

Querido Dios, ¡Gracias por hacerme especial!
"Cuídame como a tus propios ojos"


Mañana, tarde y noche,
no dejaré de rogarle;
¡él habrá de escucharme!

Querido Dios, ¿Realmente ves todas las cosas?




Conozco muy bien la alta complejidad de los sistemas de transmisión y distribución de energía eléctrica. El mismo que hace posible el sencillo acto de encender la luz en una habitación.

Los libros “para niños” me recuerdan esas luces que se encienden de manera tan sencilla, porque sin duda, el o los autores deben depurar el lenguaje, cuidar en extremo la presentación y apoyar los textos con ilustraciones elocuentes.
Esta serie de “libros para niños” tiene, además, la admirable cualidad de abordar temas espirituales, preguntas e inquietudes con sus respuestas. Debo reconocer que me han ayudado, muchas veces.
Dedico estas líneas a todos mis amigos y amigas con alma de niñ@s.



"Dear God Kids Series"
Serie de libros para niños
Annie Fitzgerald 
with contributions 
by Ken Abraham 

1 comentario:

cclaridad dijo...

Aprender a decir una oración, por la razón que sea, requiere práctica. Aprender a reconocer y verbalizar los temores y las angustias que día a día nos invaden, por diversas razones,es más difícil aun (al menos para mi) Pero es un ejercicio necesario si deseamos vivir bajo del cuidado amoroso de Dios, el Padre.
Como cualquier disciplina, la oración requiere también voluntad y decisión. Me siento muy identificada con la voz de ese niño que casi se disculpa por distraer la atención de Dios.
Es muy significativo que Jesús haya enseñado a orar a sus discípulos.

Muchas gracias a mi querida Gladys Estela por traerme, desde tan lejos, estos pequeños libros

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