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jueves, 24 de mayo de 2012

El Poema es un Caracol

Analogía: el poema es un caracol en donde resuena la música del mundo
y metros y rimas no son sino correspondencias,
ecos, de la armonía universal.
Octavio Paz



Janet Kruskamp - fuente


Andrew Wyeth - (1917-2009) - fuente


Vladimir Kush - artista contemporáneo
nacido en 1965


Caracol
Rubén Dario


En la playa he encontrado un caracol de oro
macizo y recamado de las perlas más finas;
Europa le ha tocado con sus manos divinas
cuando cruzó las ondas sobre el celeste toro.

He llevado a mis labios el caracol sonoro
y he suscitado el eco de las dianas marinas.
Le acerqué a mis oídos y las azules minas
me han contado en voz baja su secreto tesoro.

Así la sal me llega de los vientos amargos
que en sus hinchadas velas sintió la nave Argos
cuando amaron los astros el sueño de Jasón;

y oigo un rumor de olas y un incógnito acento
y un profundo oleaje y un misterioso viento...
(El caracol la forma tiene de un corazón)




Carlo Bertocci - artista contemporáneo
nacido en 1946
fuente

Autorretrato - George Tooker - (1920-2011)



fuente


Wai Ming - artista contemporáneo
nacido en 1938

Jessie Willcox Smith - (1863-1935)


Adolph William Bouguereau - (1825-1905)


Frank Weston Benson - (1862–1951)


Jacques Eugene Feyen (1915-1815)
fuente

Frank Dicksee (1853-1928)



dos obras de Georgia O´Keeffe - (1887-1986)



"Lo mejor que coleccioné en mi vida fueron mis caracolas. Me dieron el placer de su prodigiosa estructura: la pureza lunar de una porcelana misteriosa..."

Pablo Neruda





viernes, 17 de diciembre de 2010

La Rosa Niña



LA ROSA NIÑA
Rubén Dario
I
Cristal, oro y rosa. Alba en Palestina.
Salen los tres reyes de adorar al rey,
flor de infancia llena de una luz divina
que humaniza y dora la mula y el buey.
II
Baltasar medita, mirando la estrella
que guía en la altura. Gaspar sueña en
la visión sagrada. Melchor ve en aquella
visión la llegada de un mágico bien.
III
Las cabalgaduras sacuden los cuellos
cubiertos de sedas y metales. Frío
matinal refresca belfos de camellos
húmedos de gracia, de azul y rocío.
IV
Las meditaciones de la barba sabia
van acompasando los plumajes flavos,
los ágiles trotes de potros de Arabia
y las risas blancas de negros esclavos.
V
¿De dónde vinieron a la Epifanía?
¿De Persia? ¿De Egipto? ¿De la India? Es en vano cavilar.
Vinieron de la luz, del Día,
del Amor. Inútil pensar, Tertuliano.
VI
El fin anunciaban de un gran cautiverio
y el advenimiento de un raro tesoro.
Traían un símbolo de triple misterio,
portando el incienso, la mirra y el oro.


VII
En las cercanías de Belén se para
el cortejo. ¿A causa? A causa de que
una dulce niña de belleza rara
surge ante los magos, todo ensueño y fe.
VIII
¡Oh, reyes! —les dice—. Yo soy una niña
que oyó a los vecinos pastores cantar,
y desde la próxima florida campiña
miró vuestro regio cortejo pasar.
IX
Yo sé que ha nacido Jesús Nazareno,
que el mundo está lleno de gozo por El,
y que es tan rosado, tan lindo y tan bueno,
que hace al sol más sol, y a la miel más miel.
X
Aún no llega el día… ¿Dónde está el establo?
Prestadme la estrella para ir a Belén.
No tengáis miedo que la apague el diablo,
con mis ojos puros la cuidaré bien.
XI
Los magos quedaron silenciosos. Bella
de toda belleza, a Belén tornó
la estrella y la niña, llevada por ella
al establo, cuna de Jesús, entró.
XII
Pero cuando estuvo junto a aquel infante,
en cuyas pupilas miró a Dios arder,
se quedó pasmada, pálido el semblante,
porque no tenía nada que ofrecer.
XIII
La Madre miraba a su niño lucero,
las dos bestias buenas daban su calor;
sonreía el santo viejo carpintero,
la niña estaba temblando de amor.
XIV
Allí había oro en cajas reales,
perfumes en frascos de hechura oriental,
incienso en copas de finos metales,
y quesos, y flores, y miel de panal.




XV
Se puso rosada, rosada, rosada…
ante la mirada del niño Jesús.
(Felizmente que era su madrina un hada,
de Anatole France o el doctor Mardrús).
XVI
¡Qué dar a ese niño, qué dar sino ella!
¿Qué dar a ese tierno divino Señor?
Le hubiera ofrecido la mágica estrella,
la de Baltasar, Gaspar y Melchor…
XVII
Mas a los influjos del hada amorosa,
que supo el secreto de aquel corazón,
se fue convirtiendo poco a poco en rosa,
en rosa más bella que las de Sarón.
XVIII
La metamorfosis fue santa aquel día
(la sombra lejana de Ovidio aplaudía),
pues la dulce niña ofreció al Señor,
que le agradecía y le sonreía,
en la melodía de la Epifanía,
su cuerpo hecho pétalos y su alma hecha olor.




Especialmente dedicado a Rosita, la de la sonrisa, mi hermana.


Cuando éramos muy niñas, mi madre nos enseñó este poema. Hoy lo veo como una de las tantas formas en que ella nos fue traspasando su amor por el Niño de Belén.
Para revitalizar esos momentos he traído junto a este antiguo poema, imágenes de otra de mis rosas peonía, esa que justo en estos días ha desplegado toda su belleza, quizás al calor de tan emotivos recuerdos.

Mi rosa peonía, directamente desde mi jardín, para el Niño Dios



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